miércoles, 20 de agosto de 2008

Luis Martín de la Plaza




Luis Martín de la Plaza

(1577-1625)

En poesía el fondo es su forma y la forma su fondo. Veamos aquí este soneto de Luis Martín de la Plaza, un soneto de amor, por supuesto, que al leerlo uno se queda con la buena sensación de que no puede escribirse de otra manera. Si cambiamos una sola palabra, el soneto se desmorona como un castillo de naipes.

Veo, señora, al son de mi instrumento,

cuando entona mi voz tu nombre santo,

parar lo ríos a escuchar mi canto,

correr los montes y callar el viento.

Y, luego, si publico mi tormento,

huir los ríos con temor y espanto,

y ser los montes sordos a mi llanto,

y el viento murmurar del triste acento.

Y es porque haces sus arenas

traes a los montes un verano eterno,

y das olor al viento que te toca.

Yo deshago, llorando, su tesoro

traigo a los montes un helado invierno

y doy al viento el fuego de mi boca.

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