domingo, 31 de agosto de 2008
lecciones de teatro clásico IV
martes, 26 de agosto de 2008
la palabra y la acción
miércoles, 13 de agosto de 2008
lecciones de teatro clásico II
Valencia, 13 agosto 2008
LECCIONES DE TEATRO CLÁSICO II
Decíamos que el Teatro Clásico es la escuela de todo profesional de las Artes Escénicas... Decíamos -hace apenas unos días en Lecciones de Teatro Clásico I- sólo algunas de las cualidades de este teatro glorioso o áureo como se le llama normalmente.
Pero evidentemente su fuerza, es verdad, mayor, radica en el poder de las palabras -sin pervertir- y, sobre todo en la construcción del verso. Te pasa cuando trabajas a cualquier gran autor, sientes la necesidad poética que hay en su teatro pero veamos por qué:
El verso de Lope de Vega, como el de Calderón de la Barca o Tirso es una fórmula que encierra en sí mismo un valor autóctono enorme. En un sólo verso se encierra la esencia de todo el parlamento o de toda la obra.
A pesar de los años siempre te sorprenden con la palabra que tú nunca imaginas, es fascinante ver como nunca aciertas con la lógica tuya de la prosa. La lógica del verso manda, la fórmula mágica -como la pócima- que encierra cualquier sentimiento, cualquier inquietud.
Ellos lo hicieron para que nosotros sigamos sus pasos, pero con una antorcha encendida, el actor sobre las tablas tiene que seguir esa música, que es la música del pensamiento. Sin pensamiento cuidado porque nos convertimos tan sólo en recitadores huecos llenos de trucos que sólo engañan a cuatro.
Detrás del verso hay un personaje que te está contando algo y esa es la verdadera función dramática del verso. Desentráñalo con la libertad del cuerpo en la acción y luego vuelve tu cuerpo, de nuevo, hacia la palabra.
Sincronizarás así el milagro actoral de la acción con la palabra, la palabra con la acción: la libertad del cuerpo con la disciplina de la palabra.
lecciones teatro clásico I

Valencia, 13 de agosto de 2008
LECCIONES DE
TEATRO CLÁSICO I
En el presente capítulo de Lecciones del Teatro Clásico iremos, todos los meses, incluyendo reflexiones y análisis -nosotros lo llamamos lecciones- extraídas de nuestro quehacer cotidiano -ensayos, representaciones, conversaciones- en El Corral de la Olivera.
Esta sección va dirigida a estudiantes de Arte Dramático o profesionales con ganas de saber más sobre su oficio y, sobre todo, más sobre el gran olvidado del teatro español que, evidentemente, es el Teatro del Siglo de Oro cuya historia, decía Lázaro Carreter, "es la historia de un olvido".
Cuando nos preguntan ¿por qué el Teatro Clásico? siempre respondemos porque es la escuela, porque ante los clásicos siempre te sientes en el aula aprendiendo, porque siempre te guardan lecciones maravillosas. Lecciones como tesoros para cualquier actor o director o, simplemente, cualquier ser humano que quiera ir un poco más allá en la comprensión del propio ser humano.
Qué torpes somos cuando intentamos verbalizar nuestros sentimientos, cuando queremos ponerle palabras a lo que nos preocupa. Qué torpes cuando investigamos los secretos que encierra el ser humano.
Qué hábiles, sin embargo, nuestros autores clásicos para describir cualquier estado humano. Qué habiles poniendo las palabras que nosotros ya no tenemos -cuánto se ha pervertido el lenguaje desde entonces-.
Nuestros clásicos son La Biblia del hombre moderno. A ellos podemos recurrir siempre que nos asalten dudas, siempre que necesitemos palabras para descifrar esos "no sé qué" que nos viajan por nuestro interior.
Pero además de darnos buenas respuestas, nuestros clásicos son generadores de preguntas y más preguntas para que el hombre vaya más lejos cada vez. ¡Ay! del hombre que no se hace preguntas, diríase de él que es un necio.
Los clásicos son medicina y veneno al mismo tiempo y esa es la primera de las lecciones de nuestro blog, de nuestro cuaderno de bitácora para almas inquietas.

